viernes, 1 de septiembre de 2017

Cómo hemos cambiado. 14 años del último derbi, la transformación de la imagen de los futbolistas



Sporting y Oviedo volverán a enfrentarse el próximo 10 de septiembre. Han pasado más de 14 años desde el último derbi asturiano cuando la imagen de los futbolistas era bien diferente a la de ahora.


El 22 de junio de 2003 mientras el Real Madrid presidido por Florentino Pérez festejaba un nuevo título de Liga, el Real Oviedo certificaba su descenso a Segunda B. Fue precisamente aquel año, concretamente el 18 de mayo en el Carlos Tartiere, la última vez que se disputó un derbi asturiano. Entonces ganaron los azules por dos goles a uno. Ahora, casi tres lustros después, Sporting y Oviedo volverán a verse las caras. Será el próximo 10 de septiembre en El Molinón.


Mucho han cambiado las modas, costumbres y estilos desde aquel año. Coincidiendo con el cambio de siglo el fútbol se convirtió en la gran industria del ocio mundial. En la temporada 2002-2003 el Oviedo de Manuel Lafuente manejaba un presupuesto de 7,8 millones de euros mientras que el de sus vecinos de Gijón, con Juan Pérez Arango al frente, ascendía a 9. Eran otros tiempos aunque el fútbol ya empezaba a navegar en un océano de billetes. Sobre el terreno de juego se midieron Amieva y Geni, entre otros por el conjunto azul, contra Samuel y un ya prometedor y jovencísimo David Villa, la última gran perla de Mareo que ya destacaba en el once rojiblanco. En aquellas plantillas los futbolistas apenas lucían tatuajes ni piercings. Fue paulatinamente a partir de esa época cuando los jóvenes deportistas pasaron a convertirse también en atletas, modelos e imagen de marcas multinacionales.


Cortes de pelo y peinados, barbas y afeitados, tatuajes y vestimenta evidencian cuánto ha evolucionado la imagen personal, esa que tanto mimaba el inglés David Beckham, el fichaje mediático del Real Madrid aquel verano y el primero en demostrar que el futbolista de élite no sólo vive de meter goles o participar en mundiales sino también de explotar su imagen fuera de un estadio. A esa transformación sin freno han contribuido, en gran media, el progreso tecnológico y la globalización mundial. Un estudio señala que en 2003 apenas el 27,4% de los españoles usaba Internet. Ahora gracias a Facebook, Twitter, Instagram o WhatsApp, las fotografías de las estrellas del fútbol ‘viajan’ de un lugar a otro del mundo en cuestión de segundos y ponen al alcance de todos ese espejo en el que mirarse y al cual tratar de imitar, especialmente la juventud.
  

Constantes cambios de cortes de cabello, peinados, trajes más o menos llamativos, ropa de sport, nuevos tatuajes, barbas, transparencias, color… Hoy el comportamiento estilístico de los futbolistas da lugar a artículos en periódicos o vídeos en programas de televisión. Basta fijarse en lo que se habla del pelo de Neymar, lo que se comenta del vestido de Dani Alves o lo que se fijan en los tatuajes de Sergio Ramos. Los futbolistas de ahora generan tendencias y su repercusión mediática va más allá del mero aspecto deportivo.


En 2003 eso aún no se vivía. El análisis de peinados y vestimenta quedaba alejado del mundo del fútbol. Se reservaba a otro tipo de escenarios, como el anuncio del compromiso del heredero de la Corona, el Príncipe Felipe, con la periodista ovetense Letizia Ortiz. Fueron aquellos años el comienzo de todo. Amieva, que tenía 27 años cuando disputó el recordado último derbi, lució casi siempre la misma imagen de media melena, peinándola con sus dedos. En el lado opuesto, el ‘guaje’ Villa que con 22 años iniciaba una meteórica y exitosa carrera deportiva acompañada de innumerables cambios en su estilo personal. Pelo engominado, más largo, más corto, perilla, barba, sombra o lunar indio, pendientes… Quizá estos dos ejemplos sirvan para marcar esa evolución radical que han experimentado los futbolistas en estos últimos 14 años, el tiempo que ha pasado desde aquel derbi.






Ramiro Fernández Alonso
Psicoesteta




PELUQUERÍA PSICOESTÉTICA RAMIRO
Arquitecto Reguera, 11
33004 Oviedo
985 243 268
www.psicoestetica-ramiro.com
ramiro@psicoestetica-ramiro.com

jueves, 20 de abril de 2017

Oviedo, todo cambios menos uno. El carácter hospitalario que la ciudad mantiene a pesar del paso del tiempo

Periódico La Nueva España, publicado el 10.04.2017


En los últimos días, tras recibir el galardón "Ovetense del Año 2016", han sido varios los clientes y amigos que me han preguntado sobre cómo ha cambiado la ciudad desde mi llegada, en el año 1965, hasta hoy. Es difícil resumir en una conversación de unos minutos, o en estas líneas, cuál es mi punto de vista al respecto y quizá por ello les respondí: ¡en todo! Sin embargo, en esos momentos de sosiego que busco a diario para reflexionar y dejar volar la inspiración supe que estaba equivocado. Hay algo que, a pesar del paso del tiempo, no ha cambiado en absoluto.

Llegué a la capital en 1965 para terminar el servicio militar obligatorio que había comenzado en el Centro de Instrucción de Reclutas del Ferral del Bernesga, en León, y previo paso fugaz por Intendencia en Valladolid a las órdenes del capitán don Germán Casares Vega. Mi primera impresión es que Oviedo era una ciudad eminentemente universitaria y comercial y que la programación cultural no hacía justicia al ambiente docto y señorial que emanaba en muchos rincones. Ópera, cine y fútbol los domingos. Poco más. Tenía la sensación de que los ovetenses seguían dormitando la siesta clariniana soñando con su pasado regio o estuvieran presionados por los tonos grises y negruzcos del hollín bélico que aún manchaba las fachadas.

De aquello sólo quedan recuerdos. Oviedo, en particular, y Asturias, en general, han experimentado una brillante transformación que comenzó en las últimas décadas del siglo pasado; inercia que se consolidó con el comienzo del nuevo milenio y que hoy sigue imparable a pesar de los frenos que algunos tratan de activar por intereses que no vienen al caso. Es como si del blanco y negro televisivo hubiéramos pasado al color cinematográfico, como si nos hubiéramos despertado de aquella siesta con un deseo de vivir ilusionante, activo y vibrante.

Oviedo puede presumir ahora de una oferta cultural plagada de actividades. El ruido del viejo tranvía desapareció por completo el 2 de septiembre de 1956, fecha en la que circuló por última vez, y no fue sustituido por el de los coches. Oviedo es una ciudad para los ciudadanos, para los peatones, para pasearla y disfrutarla, para contemplar las fachadas y ver en muchas de ellas el legado de la historia.


A esa transformación estética, cultural y vanguardista se sumaron infinidad de iniciativas impulsadas por vecinos de la ciudad que, entre todos, han hecho de Oviedo un lugar que atrae cada año a miles y miles de visitantes. Quizá, si hay que destacar alguna, esa sea la ceremonia de entrega de los ahora Premios "Princesa de Asturias". Unos galardones que convierten a Oviedo en la capital mundial de la cultura, de la ciencia, del arte, de la concordia, de las humanidades y de la libertad. Al menos durante unos días al año, Oviedo es el foco de atracción informativa y su imagen da la vuelta al mundo exportando los mejores valores humanos y sociales.


Oviedo es hoy una ciudad abierta, moderna y cosmopolita pero, como decía al principio, hay algo que no ha cambiado desde aquel 1965. La ciudad y sus ciudadanos, Oviedo y los ovetenses, siguen siendo igual de hospitalarios y acogedores. Cualquiera que llegue por vez primera se sentirá como en casa, arropado como si siempre hubiera estado aquí. Eso es algo que se mantiene con el paso del tiempo, como costumbre de generación en generación, como idiosincrasia del ADN de los ovetenses, como seña de identidad de unos vecinos que no olvidan su pasado pero que miran al futuro con la confianza de hacerlo en una tierra que evoluciona sin descanso y con un rumbo esperanzador.









Ramiro Fernández Alonso
Psicoesteta



PELUQUERÍA PSICOESTÉTICA RAMIRO
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martes, 7 de marzo de 2017

La "IMAGEN" de un MÉDICO- La trascendencia de una imagen personal "adecuada" en un líder sanitario reconocido por paciente y sociedad



La profesión médica en la cúspide de la valoración social.
Es tradición, historia y actualidad que la profesión médica aparezca siempre en la cúspide de la pirámide de todos los estudios de valoración social. Este alto aprecio por la labor sanitaria se mantiene intacto incluso en las épocas de crisis económica y de valores humanos, por cuanto se considera inaplicable cualquier tipo de recortes en materia de Sanidad, junto con la Educación.

La salud siempre será lo que importa, más aún si otras esperanzas e ilusiones humanas se desvanecen. Cuando el gordo de la lotería mira para otro lado y merman los proyectos vitales siempre queda la confianza de que es posible el desarrollo personal si la salud acompaña.

Pero, si la salud es trascendental, ¿qué relación se puede establecer entre la Sanidad y la estética o belleza? Sencillamente:
¡La salud se tiene y la estética se muestra!, ¡se manifiesta!.

La “imagen del paciente para el paciente"
Los pacientes, generalmente legos en Medicina, “no realizan analíticas clínicas para relacionarse”, pero son capaces de aplicar sus propios cánones de análisis para poder afirmar si los amigos y familiares muestran "buen o mal aspecto" o presentan "cara saludable o enfermiza". Es ese rostro, esa imagen la que vincula la salud con la estética.

La apariencia externa permite comprender las posibles fluctuaciones del estado general físico y anímico de los demás y, por ende, adecuar las relaciones sociales.


La “imagen del médico para el paciente"
Este proceso se debe al simple hecho de que la salud no es un estado constante y fijo, sino una sucesión de altibajos que necesita a menudo de la intervención externa para restablecer el equilibrio físico. Por ello, en la relación con los profesionales de la Medicina "el paciente espera encontrar una imagen personal" que coincida con su concepción personal de la estética de la salud.

Todo doctor es un líder sanitario con reconocimiento previo por parte del enfermo.
Por consiguiente, necesita mostrar una imagen profesional y personal acorde con ese liderazgo, ya que, si a todo dirigente se le conmina poseer y mantener una apariencia de buena salud para ejercer su liderazgo, mucho más exigible lo debe ser para quien desempeña las funciones de atender y cuidar de la salud de los ciudadanos.


La necesidad afectiva del paciente
El avance de la medicina ha sido, es y seguirá siendo espectacular y esperanzador gracias a la comunicación y alta tecnología. Pero conlleva cierta deshumanización que choca frontalmente con la necesidad de relación afectiva que precisa el paciente para sobreponerse y mantener la confianza y el optimismo. Por lo tanto, una imagen personal y profesional adecuada de los equipos médicos puede contribuir a dulcificar las relaciones humanas en tan delicados procesos y permite superar la simple asepsia que siempre se presupone en toda actividad sanitaria.

Ofrecer una buena imagen personal no es ni un lujo, ni un capricho, sino una obligación para el desarrollo de las relaciones humanas.




Autores:
Ramiro Fernández Alonso (psicoesteta)
y David Calvo Temprano (Médico).

Publicado en coreradiologico.com